Chayote, la versátil hortaliza precolombina aliada de la salud.

Pariente de la calabaza y el
calabacín, es uno de nuevos superalimentos, aunque su historia se remonta a los
aztecas y mayas.

La Chayotera -Secchium edule- es
una hortaliza que pertenece a la familia de las calabazas, cuyo fruto es
conocido mayoritariamente como Chayote, aunque existen diversas variedades y
recibiendo otros nombres en función del país productor, siendo conocida en
España también como “patata china” y “patata voladora”.

Originaria de Guatemala y el sur
de Méjico, que los aztecas y mayas consumían como alimento denominado
“chayotli”. Su expansión se produjo a finales del siglo XVIII y principios del
XIX, siendo introducida sucesivamente en América del Sur, Europa, África, Asia,
Australia y finalmente en Estados Unidos, siendo los principales productores
mundiales Méjico y Costa Rica.

Planta trepadora, perenne,
monoica y vivípara de tallos aristados y lisos, tiene un alto aprovechamiento
en diferentes facetas, formo parte de la dieta mesoamericana en la época
precolombina, y que históricamente ha sido utilizada en la medicina tradicional
debido a los beneficios que presenta para la salud humana.

Su color va del verde oscuro al
claro o al amarillo casi blanco, de cáscara de consistencia dura puede contener
espinas, su pepita –comestible- es grande y chata y su peso está en torno a los
500 gramos o los supera. De esta hortaliza se consume prácticamente todo. Desde
el fruto lo más valorado, a sus tallos y hojas, pasando por su raíces.



Pariente directo de la calabaza,
calabacín o pepino, entre otros, con los que comparte sabor y una textura
crujiente y acuosa con un 90 % de agua, a nivel gastronómico su fruto tiene
múltiples aplicaciones culinarias. Siendo uno de las pocas hortalizas que se
pueden consumir crudos y pelados.

Puede ingerirse cocido o frito,
en guisos, como guarnición de sopas, ensaladas u otros, en conservas o en
postres; por su sabor neutro y suavidad es utilizado en la elaboración de
alimentos infantiles, así como en jugos y salsas en la industria alimentaria. Su
raíz o tubérculo de apariencia tosca y suave saber, es utilizado cual patata, y
en América latina sustituye en muchas ocasiones a las mismas. Sus tallos
tiernos o guías, es igualmente utilizado a nivel culinario en diferentes
preparaciones, y por su flexibilidad y resistencia son utilizados en la
fabricación artesanal de cestería y sombreros.

Por su versatilidad sus
aplicaciones no se limitan a fines culinarios, sino que también es utilizado
para la nutrición animal, elaboración de productos cosméticos y formulaciones
farmacológicas, siendo un elemento imprescindible en la medicina tradicional
mejicana, por ejemplo.

Versatilidad que junto con sus
valores nutricionales y sus beneficios para la salud, lo han convertido en los
últimos años en uno de los considerados superalimentos, estando por ello su
consumo en auge durante los últimos años.

Por su valor energético bajo, sin
apenas contenido graso, su alto contenido de agua y de fibra, es un recurso
habitual en dietas para combatir el sobrepeso, la retención de líquidos, el
estreñimiento, el colesterol, en dietas depurativas y de eliminación de
toxinas. Igualmente se le asignan ser agente terapéutico contra enfermedades
renales, la arteriosclerosis, hipertensión, cicatrización de úlceras o las
inflamaciones intestinales y cutáneas.



A su vez el chalote es una
auténtica fuente de vitaminas y minerales. Aporta vitamina C, tiamina,
riboflamina, piridoxina, pero sobre todo el conocido como ácido fólico –folato-
que interviene en la producción de ADN y otros tipos de material genético. En
cuanto a los minerales que aporta son principalmente potasio, fósforo y sodio,
fundamentales para mantener los niveles de presión sanguínea y arterial, el
sistema nervioso y el muscular.

Fuente de salud, contiene 7 de
los 9 aminoácidos esenciales para la formación de colágeno y anticuerpos,
metabolismo de las grasas, buen equilibrio mental, estimulación de los juegos
gástricos o el desarrollo del sistema inmunitario, entre otros.

Recientemente un estudio a
determinado que uno de sus componentes es un poderoso agente antitumoral y
antineoplásico, que dificulta la multiplicación de las células malignas que
desarrollan algunos tipos de cánceres.

Propiedades y valores que bien le
hacen merecedor de ser considerado un superalimento, aunque su existencia se
puede considerar tan antiguo como la humanidad.

 

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“Para mi la cocina no es que puedas comer el mismo plato en Nueva
Orleans, Beasaín, San Sebastián o Madrid. La cocina tiene que tener su
identidad y su entorno”. Ramón Roteta (1951 -) cocinero español.

 

 

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