Tarna, el pueblo casín marcado por los enfrentamientos bélicos.

Situado a una altitud de 996 metros, debajo del puerto del
mismo nombre, vivió como pocos las diferentes guerras, siendo devastado durante
al contienda civil española.

Caso es un concejo ubicado en la
zona central oriental del Principado de Asturias, en la zona alta del valle del
Nalón, río que nace en su territorio; limita al sur con la provincia de León, y
con los concejos de Piloña, Ponga y Aller y Sobrescobio, al norte, este y oeste
respectivamente. 
Abarca una superficie total es de
307,94 kilómetros cuadrados, incluida íntegramente en el Parque Natural de
Redes –creado en 1996- reconocido como Reserva de la Biosfera por la Unesco en
el año 2001; se vértebra en 10 parroquias y cuenta con una población de 1457
según el censo oficial de 2020.

La de Tarna, bajo la advocación
de San Pedro, comprende la aldea y puerto de mismo nombre, ocupando una
extensión de 31,03 kilómetros, y su censo poblacional en 2020 es de 56 vecinos.
El pueblo, situado bajo el puerto y en la margen derecha del río Nalón que nace
aguas arriba en la fuente de la Nalona, a escasos dos kilómetros, es con una
altitud de 996 metros el núcleo poblacional más alto del concejo, de cuya
capital dista 16 kilómetros.



Enclave de paso estratégico,
posiblemente poblado ya en la era prerromana, su primera referencia data de
1142, cuando el rey Alfonso VII dona la casería de Tarna a su mayordomo Martín
Díaz, uno de sus más cercanos administradores, para fundar allí un albergue que
acogiera a los caminantes que circularán por el puerto a través de un “Camino
Real”, que atravesó el pueblo hasta el siglo XX y comunicaba la Meseta con Villaviciosa.



En 1774 la localidad quedo
devastadas por una violenta riada con árboles y rocas, que fue denominada como
“argayu de los picones”, arrastrando todo lo que se iba encontrando a su paso,
incluida la imagen de su patrón San Pedro que fue arrastrada hasta le vecina
localidad de la Foz.

La localidad y puerto fueron
también importantes testigos de las guerras de la Independencia y Carlistas, que
también causaron tragedias y destrozos, con asentamientos de diferentes tropas
en el lugar.

En los inicios del siglo XX Tarna
no fue ajeno al fuerte fenómeno migratorio hacia las Américas, haciendo fortuna
varios de sus vecinos que repercutieron parte de las mismas en la década de los
años veinte, en diferentes construcciones privadas y comunales, como fueron el
lavadero y las escuelas.



Pero lo que realmente marcó a la
localidad fue la Guerra Civil, en la que la posición estratégica del puerto que
comunica Asturias que estaba en poder de las fuerzas republicanas y León que
fue tomado por los golpistas nacionales, siendo objeto la zona de fuertes
combates que derivaron en la destrucción total de Tarna, que fue quemada por
las fuerzas republicanas en su retirada el 7 de octubre de 1937. 
Su magnitud fue de tal que afecto a la mayor parte de su extensión, librándose únicamente la fábrica de la iglesia, las casas construidas en la ladera y las escuelas que coronan el pueblo.



En memoria de los defensores
republicanos en la subida al puerto, en el lugar denominado la Forcada, desde la que se divisa la localidad, luce
desde junio de 2006 la escultura “Melodía de la Esperanza”, obra del escultor
asturiano Manuel Arenas Ramírez.


Acabada la guerra, el primero
Servicio y posterior Dirección General de Regiones Devastadas (DGRD) fue creada
por el jefe del Estado en 1938 para paliar el mutilado paisaje urbanístico que
dejo la contienda civil española y su necesidad de reconstrucción material y
moral. Iniciativas no exentas de un afán propagandístico, ya que uno de sus
objetivos era favorecer a localidades que habían sufrido destrucciones de
dimensiones excepcionales, sino también a aquellas que tenían un especial
significado para el Régimen.



La localidad fue adaptada en el
primero de los decretos, el del 9 de octubre de 1939 tras la visita que el
Caudillo hizo a la localidad, en la que contemplando sus ruinas manifestó su
intención y deseo de que fuera uno de los primeros en ser reconstruido en
España. 
Pese a eso y a ser incluido en la
primera lista junto a pueblos de gran nivel propagandístico en el imaginario de
la época, las intervenciones se dilataron en el tiempo hasta los años sesenta,
forzando a sus habitantes a vivir entre los escombros o a emigrar.



El proyecto de reconstrucción
tuvo un gran protagonismo en la exposición de la DGRD en 1940, pese a que el
organismo no se ocupo de manera directa de la reconstrucción hasta
prácticamente los años cincuenta, a pesar de las múltiples quejas de los
vecinos. Proyecto y obras de reconstrucción que duraron dos décadas,  cuya gestión fue realizada por diferentes
entidades, pasando primeramente por el servicio técnico de Falange, y después
por la Diputación provincial, la DGRD y finalmente concluidas por la dirección
general de arquitectura a principios de los años sesenta.



Reconstrucción que también afecto
a los pueblos vecinos de Pendones y La Foz, igualmente arrasadas durante la
retirada. Plan que abarcaba inicialmente la construcción de 162 viviendas, de
las que 70 serían en Tarna. Viviendas compuestas de un bajo con cuadro, baño,
cocina y porche, y un piso con tres habitaciones, solana y tenada, divididos en
dos tipos, en función de la posición frontal o lateral de la cuadra.



Las obras en la que se involucró
directamente el Ayuntamiento con todo tipo de colaboración abarcaron varias
décadas en dos tandas, no realizándose obra alguna entre los años 1941 y 51,
siendo  primero la construcción de 33
viviendas, que se culminaron en tres fases diferentes y luego el resto, con
importantes modificaciones del proyecto inicial. 
La mayor parte de estas viviendas
se conservan en la actualidad con modificaciones propias del uso, como
cerramientos, añadidos de pisos o intervenciones en sus fachadas, pudiendo
identificarse fácilmente la mayoría de las construcciones iniciales.



Del mismo modo el trazado
urbanístico de pueblo cerrado sigue manteniéndose prácticamente, al no haber
experimentado crecimiento el pueblo. Concepto este basado en que para ser
beneficiario de las viviendas, de acuerdo con la publicación oficial realizada en
1942, se requería ser vecino o estar destinado por el Estado al mismo y carecer
de vivienda propia o haber sido destruida, fijándose de esta manera el número
de viviendas asignadas.



De diseño rectilíneo, está
compuesto por tres calles paralelas, con la iglesia de San Pedro, su
edificación más emblemática. Construida tal cual hoy se conoce en 1926, erigida
como una pequeña parroquial de tipo rural, que tuvo un papel prominente en la
contienda civil sufriendo  pequeños
desperfectos, al instalarse en ella el comedor de batallón de prisioneros en
primer lugar y a partir de julio de 1938 el comedor infantil, limitándose la
intervención a la reparación de cubiertas y pavimentos.



Robusto templo de piedra vista y
techumbre de teja exterior y madera interior, con altar de tres piezas
presidido por la talla de su patrón parroquial, y decorada con diferentes
piezas y cuadros de imaginería católica. Entre las que destacan la talla de la
patrona del Principado de Asturias, la Virgen de Covadonga, y la talla donada
el 1 de mayo de 2005 por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de
Álava. Con motivo del peregrinaje realizado en esa fecha, siguiendo el Camino
con el que se relacionan estas tierras, por el que se cree aprovechando el
camino real existente discurría el de Santiago que desde Álava se dirigía a
Oviedo.


Como emblemáticas fueron sus
escuelas, construidas en el año 1929 gracias a la financiación de la familia
inmigrante de los Simones, en forma de U y compuestas por dos aulas con
entradas independientes, una para niños y otra para niñas, y dos viviendas, una
para cada maestro.

Emplazadas en la parte alta del
pueblo, a la altura de la carretera en su margen derecho, fueron utilizadas
para alojar a los batallones de prisioneros primeramente y posteriormente fueron
utilizadas como viviendas por familias del pueblo, llegando incluso a
instalarse un bar en las mismas. El edificio no se recupero para su fin hasta
1957, que se reconstruyo sobre los muros perimetrales primigenios.


No disfrutaron de larga vida y
fueron destruidas en el año 2009,  en
base a la existencia de daños estructurales y falta de actividad, sin opciones
de rehabilitación y construyendo en su lugar un edificio contemporáneo
concluido en mayo de 2010, para acoger el Centro de Interpretación del Urogallo,
apodado por los vecinos como “tanatorio”, que nunca llegó a entrar en
funcionamiento. En la actualidad, desde 2019, es utilizado como centro social.



Testigo mudo de su larga y
conflictiva historia es su cementerio, construido en 1834, que se ubica en la
zona baja del pueblo, lindante con el río Nalón que surca cerrando la localidad
por su parte derecha.



Históricamente su economía se
baso en el sector primario, en la agricultura y ganadería principalmente, al
tener sus habitantes en propiedad y el privilegio de poseerlos por tiempo
indefinido, los pastos y parte del terreno del puerto. Teniendo especial peso
económico en el siglo XX, hasta bien entrados la década de los ochenta, la
fabricación de madreñas del que sus artesanos fueron referencia en cuanto
calidad y producción, caracterizadas por su característico ahumado negro al ser
realizadas con escobas del puerto y corteza de abedul, así como su escueta
decoración con el chapín o escarpín a modo de pequeños cortes en su pica.



En la actualidad, año 2021, en el
pueblo que festeja cada 29 de junio a San Pedro y que durante los últimos años
estuvo deshabitado en el invierno, ha recuperado parte de su vida con la
apertura todo el año de un establecimiento hostelero y el asentamiento
definitivo de un par de familias.



Ubicado en un paraje excepcional
para la práctica de deportes de montaña, es lugar de partida de varias rutas
senderistas y montañeras. Siendo su referente la del “Tabayón del Mongayu”, que
toma el nombre de la sierra que produce al precipitarse al vacío su río
homónimo la espectacular cascada de 60 metros, de singular belleza enclavada en
un majestuoso hayedo que la envuelve. Y que desde el año 2003 forma parte de
los espacios protegidos por el Principado de Asturias, gozando de la declaración
de Monumento Natural.



En la ruta que se sigue al
Tabayón, son igualmente destacables los “Rebollos del llanu´l toru”.
Espectacular conjunto que forman en el monte Saperu los dos rebollos de la
especie “Quercus petraea” –roble albar o del invierno-, de apariencia
fantasmagórica con perímetros de 9,7 y 7,4 metros y alturas de 11,80 y 7,50
metros respectivamente.



 MÁS INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA. Pinchar en enlaces.

Un Principado para descubrir.

Rutas de montaña.

Rutas de montaña. Vídeoteca.

                                                                     CASO. 

“Cuando la vida te
presente razones para llorar, demuéstrale que tiene mil y una razones para
reír”. Anónimo.

 

 

 

 

 

 

 

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