Campo la Garita, en Cadavedo, Valdés.

Ubicado en la punta el Cuernu, en él se celebra la Fiesta de la
Regalina, cada último domingo de agosto,  una de las fiestas más populares
del Principado de Asturias.

El concejo de Valdés, en el
occidente del Principado de Asturias, cuenta con una superficie total de 353,52
kilómetros cuadrados y una población de 11281 –censo de 2021-, limita al norte
con el mar Cantábrico, al este con los concejos de Cudillero y Salas, al oeste
con los de Navia y Villayón y al sur con los de Tineo y Salas.

Vertebrada en quince parroquias,
seis de ellas están bañadas por el mar Cantábrico, una de ella es Cadavedo.
Situada en la zona norte del concejo, a 18 kilómetros de la capital municipal,
en la rasa costera limitando con el mar Cantábrico, enfrente de la sierra de
Palancas, bajo la advocación de Santa María de Riégala, más conocida por la
Regalina, aglutina los núcleos poblaciones de Cadavedo, Ribón y Villademoros.
Ubicada a una altitud de 90 metros, cuenta con una superficie de 10,26
kilómetros y un censo poblacional en 2022 de 435 personas.

La localidad cuenta con un rico
patrimonio, tanto monumental con un buen número de casas de indianos
construidas por parte de los muchos emigrantes que salieron del lugar, como
etnográfico con un censo cercano al centenar de hórreos y paneras.

Sin embargo la popularidad del
lugar viene dada por la celebración anual de la festividad en honor de la
Virgen de la Riégala, que se celebra en el denominado campo de la Garita, dónde
se ubica la capilla bajo la advocación de la Virgen.



Ubicado en el extremo más norte
de la localidad, el campo es en realidad un cabo que se adentra en el mar
Cantábrico, llamado punta del Cuernu, dominando toda la rasa costera que va del
cabo Vidio al de Busto. 

Antaño, entre los siglos trece y
dieciocho la localidad fue una de las referencias del Cantábrico en la pesca de
la ballena, siendo el sustento económico principal junto con la actividad agrícola.
Siendo la punta del Cuernu, junto a los cabos de Vidio y Busto, tres de los
principales miradores de la costa para divisarlas.



Siendo el epicentro de la
actividad la playa de la Ribeirona, situada al oeste de la punta, al existir en ella varios hornos para
quemar su piel y obtener su aceite, conocido como saín. Y porque al estar
protegida entre altos acantilados que hacen que la dureza del Cantábrico sea
menos agresiva que en mar abierto, en ella se desarrollo el método de tripulación
a tres para capturar a los cetáceos, que posteriormente alcanzo fama a través
de los navegantes vascos.


Al este de la punta, se encuentra la playa de Churin, de muy dificil acceso. 



Punta que a su vez es una magnífica
atalaya para divisar los denominados óligos, los peculiares salientes de piedra
que deja el mar Cantábrico en marea baja, y que se esparcen caprichosos en la
rasa costera ubicada enfrente.



La Garita fue adquirido por la parroquia por
iniciativa del entonces párroco el padre Galo, quien a su vez promovió la
construcción de la capilla en honor de la Virgen en él. 
Construida en 1931, es un
edificio de sencilla traza y unas dimensiones de unos 100 metros de superficie
pintada en blanco y azul, techumbre de pizarra y coronada con una pequeña
espadaña de una sola campana. Dividida en dos partes, con un pequeño pórtico
abierto con techumbre soportado por cuatro columnas y el recinto religioso, que
guarda la talla de la Virgen que aunque transformada originariamente podría ser
del siglo XIV.


Campo en el que se ubican
dos hórreos, uno en cada acantilado del cabo, sobre las playas de Churin y de
la Ribeirona respectivamente. El primero, en el lado oriental, con un carro del
país en su parte baja, y el segundo, en el occidental, con una pequeña
explanada.



Junto al que domina la playa de
la Ribeirona hay una plataforma, dónde bailan los grupos folklóricos en la
Fiesta, que es anterior al hórreo. Su colocación se realizó con motivo de la
grabación de unas escenas de la película “Con la vida hicieron fuego” en el año
1958 dirigida por Ana Mariscal, para que bailaran el grupo folklórico y
filmarlo.



Complementando el recinto una
fuente, que lleva desde 1985 el nombre de Jesús Pérez Abello, el vecino que
ejercía de pregonero en la Fiesta durante más de cincuenta años, así como una
serie de bancos ubicados estratégicamente para el disfrute visual que el lugar
permite.



El campo es el lugar de
celebración cada último domingo de agosto de la Fiesta de la Regalina,
promovida también en 1931 por el padre Galo Antonio Fernández (1884-1939),
oriundo de la localidad, a su vez escritor y estudioso del folclore local que
firmaba con el seudónimo de Fernán Coronas, y en cuyo honor luce una pequeña
lápida colocada en 1984 en el lateral derecho de entrada al interior de la
capilla.



Fiesta declarada de Interés
Turístico Regional en 1977, impregnada toda ella desde su creación de folclore
y tradiciones locales que los lugareños no sólo han conseguido conservar, sino
también convertir en una de las referencias festivas de estío asturiano.

El desfile desde el barrio de la
Rapa hasta la Garita, de carros del país tirados por bueyes y personas
ataviadas con el traje regional y los ramos de alfiladas –bollos de harina y
nueces realizados según una receta italiana traída por el párroco de uno de sus
viajes-; la solemne Misa seguida de la procesión con la Virgen; lectura del
pregón en faliecha valdesana, el dialecto local; la entrega de los premios de
poesía en honor al fundador; la interpretación de la danza prima del ramo
escrita por Galo; los bailes tradicionales y la comida campestre, conforman
esta peculiar Fiesta en un entorno natural idílico envuelta en las más genuinas
tradiciones del Principado en general y del occidente en particular.

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