Iglesia de Santa María, en Bandujo, Proaza.

Documentada en el año 912, su
cementerio anexo cuenta con la peculiaridad que las tumbas no tienen dueños.

Proaza es un
concejo ubicado en el centro sur del Principado de Asturias, su extensión es de
76,79 kilómetros cuadrados y está vertebrado en 8 parroquias: Bandujo, Caranga,
Linares, Proacina, Proaza, San Martín, Sograndio y Traspeña.

La primera de
ellas, Bandujo, parroquia y pueblo, fue en el siglo XVI su primera capital. Está
situada en el suroeste del concejo, a 660 metros de altitud, distante 11
kilómetros de la capital, su extensión es de 10,78 kilómetros cuadrados y su
censo poblacional es de 43 personas.

Bandujo, el pueblo medieval del Principado de Asturias.



En
la época medieval Proaza estaba en la ruta principal de comunicación de la zona
central asturiana con la meseta, por lo que los valles del Trubia estaban
jalonados desde la Edad Media de castillos y torres defensivas que dan fe de su
importancia estratégica, siendo Bandujo uno de sus referentes, a lo que unía su
cercanía a los polos de poder. La localidad tenía, dentro del sistema feudal,
la categoría de behetría, lo que le permitía elegir como Señor a aquél que
mejor le conviniese, circunstancia de la que gozaban muy pocos núcleos.



Documentada ya
en la Alta Edad Media (siglos VIII-XI) como Vandugio, en la Baja Edad Media
(siglos XII-XV) tiene su época de mayor esplendor gracias a la construcción de
la torre en el siglo XIV por los Álvarez de Bandujo. En el siglo XVIII su
crecimiento se acentúa, manteniendo los herederos del viejo linaje su dominio
sobre la tierra y los inmuebles, a la vez que comienzan a levantarse
construcciones de los habitantes. Perseverándose todo el entorno durante los
siglos XIX y XX, lo que ha permitido que todas las etapas históricas han dejado
su huella constructiva, lo que permite que un recorrido por esta peculiar aldea
sea un recorrido cronológico por la historia asturiana.



Su
iglesia de Santa María es la construcción religiosa de mayor antigüedad del
concejo. De estilo románico, aparece mencionada en la donación de Fruela II a
la Catedral de Oviedo en el año 912, aunque el edificio actual es posterior a
esta fecha, y no parece conservar nada anterior al siglo XII.

Construida
en mampostería, cuenta con una sola nave y ábside plano en el interior y
semicircular al exterior cubierto con bóveda de medio cañón, luciendo en su
sencilla portado un arco de medio punto. Actualmente carece de decoración,
aunque hace unos años aún podían verse algunos fragmentos escultóricos en la
misma.



A
sus pies, luciendo altivo sobre la aldea, se encuentra su peculiar cementerio,
compuesto por 27 tumbas, que no tienen dueño. Allí aún perdura una tradición
secular, que también existía en otros pueblos, en el que las lápidas y nichos
no existen. Los muertos son enterrados en la tierra, y cada año, en el día de
todos los Santos, se les recuerda cubriendo las tumbas con trabajadas mantas
florales. El número de tumbas no se incrementa, y cuando una persona fallece
ocupa el lugar de aquella que más tiempo lleve enterrada, una placa ubicada a
los pies de una pequeña cruz recuerda el nombre del difunto durante su período
en la tumba, que se cambia al ser sustituido el difunto.



 

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Su camino medieval.

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Picos Caldoveiro, Fuexos y Forcados Viejos, desde los puertos de Maravio a la senda del Oso, en Proaza.

 

 

“Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de
hipocresía”. Ángel Ganivet García (1865-98) escritor y diplomático español.

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