Obra de Pepe Antonio Márquez,
luce a la vera de la iglesia parroquial de Santa María.
El concejo de Gozón situado en centro
norte del Principado de Asturias, abarca una superficie de 81,72 kilómetros
cuadrados y su censo poblacional en 2020 era de 10.282 habitantes. Vertebrado
en trece parroquias, una de ellas es la de Santa María de Luanco, a la que
pertenece su capital municipal Luanco.
Su iglesia parroquial es un templo
de estilo barroco, cuya construcción se inicio en 1728, con posterior ampliación
en el siglo XIX, declarado en 1992 “Bien de interés cultural” con la categoría
de Monumento Histórico Artístico y Patrimonio Histórico de España. Destaca por
sus siete ricos retablos barrocos entre los que destaca el mayor del siglo
XVIII con la venerada imagen del Cristo del Socorro, que según la tradición
local libró de la tempestad a unos pescadores luanquinos.
Iglesia que está situada al borde
del mar, presidiendo y cerrando el lado este de la playa homónima, que está
rodeada por un pequeño parque en su lateral izquierdo. En él luce desde febrero
de 2003 la escultura denominada “Les Plañideres”.
Obra del escultor onubense Pepe
Antonio Márquez, nacido en Aracena en 1937, realizada en bronce a tamaño
natural, está formada por siete mujeres plañinando en diferentes posturas,
sobre una base rectangular de piedra. Y que fue costeada por Josefina Reparaz
Escandón y Ángel Castilla Polo, que la dono al pueblo de Luanco, tal como
figura en la placa situada en uno de los vértices de la base.
Plañir, que deriva del latín “plangere”,
es equivalente a llorar, gemir, lamentarse aparatosamente o golpearse en señal
de dolor. Función que a lo largo de la historia realizaron mujeres que eran
llamadas a entierros y ritos funerarios para realizar tal función en señal de
duelo, dejando constancia pública tanto del dolor de los familiares del difunto
como de su estatus social, preparando con sus lágrimas y cánticos el paso del
difunto al otro mundo. A ellas rinde homenaje la peculiar escultura.
Esta es una de las prácticas
funerarias más antiguas, situándose su origen en la cultura egipcia donde
estaba prohibido a los deudos llorar en público, realizadas por profesionales
cuyo trabajo aparece en documentación iconográfica y documental desde tiempos
remotos, en diferentes culturas y países, representadas en pinturas, esculturas
o textos literarios.
A pesar de que la iglesia católica
prohibió su trabajo en el siglo XVIII, en España esté gozó de gran tradición, sirviendo su
servicio para dar notoriedad a los entierros al ser equivalente la pesadumbre
mostrada a la tragedia de la pérdida. Estando presente también en pasos de Semana
Santa, y más recientemente en los desfiles carnavalescos del entierro de la
sardina con la parodia de un cortejo fúnebre. Y que parece ser se ha recuperado en la última década en algunas zonas de España con el visto bueno de las autoridades eclesiásticas.
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“A los muertos no les importa cómo son los funerales. Las exequias
suntuosas sirven para satisfacer la vanidad de los vivos”. Eurípedes de
Salamina (484-406 a.C) poeta trágico griego.